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Además de la singular alameda, la ciudad ofrece otros rincones para el sosiego, el paseo y el descanso. Tal es la plaza de San Salvador que alberga en su interior un banco engarzado a su rejería, rodeándola en su totalidad. Cerca de ella nos podemos dirigir a la plaza de Herrasti en cuyo centro encontramos el monumento homenaje a este general, además del lugar donde está enterrado Julián Sánchez “El Charro”. Desde ambas plazas, la catedral ofrece diferentes perspectivas, durante el día cobijados por el frescor de los árboles de la plaza de San Salvador y por la tarde cuando el sol besa con sus rayos la torre de la catedral desde la plaza de Herrasti..

No a más de cinco minutos desde cualquiera de estas dos plazas llegamos a otro singular enclave mirobrigense, la Plaza del Buen Alcalde. Este pequeño pedacito de Andalucía envuelve al visitante con sus arquerías encaladas y su fuente romántica de principios del siglo pasado.Los martes alberga el mercado franco de verduras.

Desde aquí nos podemos acercar hasta la comúnmente denominada “Plaza de los Huevos” llamada asÍ por que los aldeanos de la zona venían a vender este producto . La plaza esta enrejada y a la sombra de uno de los palacios más impresionantes de la ciudad, el Palacio de los Águila.

El Alcazar de Enrique II de Trastámara se ubica en la Plaza del Castillo salpicada de grande pinos y cigüeñas “que machan el ajo” cuando van a dar de comer a sus crías. un lugar privilegiado para disfrutar de una buena lectura.

La batería de la muralla, adosada al castillo, nos ofrece unas vistas del río , las sierras que rodean Ciudad Rodrigo y del puente mayor que son inigualables. Es fácil desde este punto sentirnos grandiosos e imaginarnos reyes o reinas del lugar.

Otra plaza que abraza al visitante es la del Peso del Trigo o de Cristóbal De Castillejo donde se pesaban antiguamente los cereales para pagar los impuestos correspondientes por su venta. Desde ella accedemos a la Iglesia románica de San Pedro y apreciaremos el impresionante escudo que corona la entrada al antiguo convento de la Franciscanas descalzas.

Antes de salir del recinto fortificado, existe una plaza dorada que abraza diferentes siglos de historia en su interior, con tres palacios que la conforman, se la conoce como Plaza del Conde.

Dejemos ya el entorno monumental y vayamos a respirar el aroma de las flores, a escuchar el trino de los pájaros ,a recrearnos con el rumor del agua de su fuente... todo ello ofrecido por el parque de La Florida.